Pronto celebraremos el día del Domund, domingo en el que rezamos y colaboramos con las comunidades cristianas extendidas por todo el mundo, especialmente en los países en vías de desarrollo. Todo este mes de octubre tenemos muy presentes a los misioneros y a las comunidades cristianas más necesitadas y damos gracias a Dios por su testimonio y por hacer presente a Cristo y su Evangelio en todos los pueblos de nuestro planeta. En este contexto del Domund, quisiera resaltar la figura de un obispo español: Enrique Figueredo, Prefecto Apostólico de Battambang, en Camboya. Monseñor Figueredo ha dedicado gran parte de su vida a trabajar entre mutilados a causa de las minas y refugiados de guerra. Emprendió una campaña a favor de la eliminación de las minas antipersona que fue reconocida con el premio Nobel de la Paz. Actualmente está al frente de muchos proyectos que tratan de mejorar las condiciones de vida de personas que padecen las secuelas físicas y morales de la guerra. Cuando se le pregunta cuales son las prioridades de su trabajo, él responde que es, en primer lugar, ofrecer a los demás la fe en Jesucristo y profundizar y fortalecer esta fe, y junto con esto, trabajar por la reconciliación, la justicia y servir al necesitado y al pobre. Es admirable la obra que este obispo está realizando en Camboya.

El testimonio de Monseñor Figueredo nos indica, una vez más, que la fe en Jesucristo conduce al trabajo por la salvación integral de la persona. La Iglesia, por medio de sus miembros, ha sido fiel a la encomienda de llevar la Buena Noticia de salvación a todos los pueblos. Son muchos los testimonios: Madre Teresa de Calcuta, San Juan de Dios, Fray Bartolomé de las Casas,… Todos ellos entendieron que la salvación y la liberación no es solo llenar el estómago con comida o la cabeza con conocimientos, sino ayudar a que todos los hombre descubran que han sido creados por amor a imagen y semejanza de Dios, y que su dignidad es tal que ha de ser elevada para que brille e ilumine la totalidad de su vida y le permita descubrir la huella amorosa de Dios en toda la creación. Esta tarea es llevada a cabo por la Iglesia con fidelidad a través de sus miembros, desde su origen y hasta el final de los tiempos. Y ante el testimonio de Monseñor Figueredo y de tantos otros, muchos deberían ser más prudentes a la hora de enjuiciar a la Iglesia; porque la Iglesia de Almería, o de Roma, o de Camboya, es la misma Iglesia; muy plural, pero la misma.

Por Ignacio López Román, cura párroco de Santo Domingo de Guzmán (El Ejido)

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