El día de la Iglesia diocesana va calando en esa porción de la Iglesia universal que es la diócesis. Cada bautizado se integra en la Iglesia universal perteneciendo a una Iglesia diocesana, en la cual vive su fe y da testimonio de Cristo Jesús. Seguimos creando conciencia de que es así: que la Iglesia universal se hace presente en cada Iglesia diocesana con la entera realidad de su misión y de su misterio. De su misión porque el verdadero protagonista del anuncio de la buena noticia de la salvación es la Iglesia universal presente en la acción evangelizadora de cada Iglesia diocesana. De su misterio, porque la Iglesia una y santa de Cristo es portadora de la gracia que comunica mediante los sacramentos que se administran en cada Iglesia diocesana.

Te preguntarás qué quiere decir esto, aunque tu instinto de fe te está ya dando respuesta: que en tu Iglesia diocesana Cristo sigue ofreciendo la vida divina para regenerar la vida del hombre y crear la fraternidad que formamos, porque somos hijos Dios, Padre común, y por la fe y el bautismo pertenecemos a la comunión eclesial, que el Espíritu Santo construye día a día dando cohesión a cuantos formamos agrupados esta gran familia.

Somos familia contigo, reza el lema de este año, el mismo del año pasado, porque tú te has integrado en la comunión de tu Iglesia mediante el bautismo y vives de la vida divina gracias a la Palabra de Dios y los sacramentos que ella proclama y dispensa. Por esto justamente tu Iglesia diocesana es cosa tuya y mía, de cada uno de los bautizados, que somos familia contigo como hijos de Dios. Ayuda a tu Iglesia a ser y permanecer como familia de Dios, porque sin tu colaboración no podrá serlo.

¿Cómo puedes contribuir a dar cohesión a tu Iglesia? Respondiendo a la vocación a la santidad, a la que Dios te llama, viviendo y participando de la vida de la Iglesia; y sosteniendo su misión, porque hemos sido enviados a anunciar un mensaje de esperanza. La Iglesia realiza muchas obras buenas, a veces no sólo es mal comprendida, sino combatida por ideologías que le son contrarias. Son muchos los que no valoran la religión de forma positiva, víctimas de sus prejuicios antirreligiosos; pero la fe religiosa es fuente de progreso espiritual, sin el cual tampoco hay verdadero progreso humano. Un mundo sin Dios está abocado al fracaso. La Iglesia tiene la misión de darle al mundo a Dios, garantía de un futuro para el hombre.

Sucede así que, en nuestra sociedad, definirse por la Iglesia sin complejos no siempre es bien visto por todos, porque la Iglesia alza su voz para defender los derechos inalienables de la persona y de la familia, la libertad religiosa y esto tiene sus repercusiones sociales y públicas. Algunos, que no son pocos, piensan que lo mejor es que la voz de tu Iglesia no se oiga. Si somos familia contigo, ayuda a tu Iglesia a seguir defendiendo que Dios es la garantía de los derechos fundamentales de las personas y de su dignidad.

Si otras veces te he pedido ayuda para que la Iglesia pueda seguir adelante con sus obras, esta vez te la pido para que pueda seguir siendo, sencillamente, la Iglesia de Jesús. No quiero que la Iglesia se disuelva o se haga perdonar lo que es tan sólo porque hace cosas buenas como otras sociedades filantrópicas. Quiero que siga siendo lo que es como Iglesia de Jesucristo, porque sólo así podrá seguir dándole a Dios al hombre y al mundo; y por eso mismo, extendiendo su caridad y atrayendo a la familia que todos somos, contigo y con los que se incorporen a ella gracias a ti.

Con mi afecto y bendición.

Almería, a 12 de noviembre de 2017.

                                    Adolfo González Montes

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