MÁRTIRES DE ALMERÍA

 

«La beatificación de los mártires,
estímulo para el testimonio y la evangelización»

 

El pasado 7 de noviembre del año en curso de 2016, en el contexto de la Jornada martirial, leíamos en público el listado de los mártires de Almería que van a ser beatificados, una vez que así lo ha decretado el Santo Padre y tras años de estudio de la Causa y pormenorizado examen de la misma. En esta Jornada comenzábamos a dar noticia de la identidad de los mártires de Almería incluidos en la Causa «José Álvarez Benavides y de la Torre y 114 compañeros muertos en odio a la fe», que serán beatificados en nuestra Iglesia diocesana en fecha ya cercana, apenas terminen los trabajos de preparación y el despliegue de la logística que este hecho extraordinario en la historia contemporánea de nuestra diócesis lleva consigo.

agustinsabaterpauloFue bautizado a los cuatro días de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de su ciudad natal, en la provincia de Castellón. Seminarista de Tortosa, recibió la ordenación presbiteral el veintitrés de diciembre de 1905.

El doce de agosto de 1907 ingresó en la Hermandad de Operarios Diocesanos y fue prefecto de disciplina del Seminario de Ciudad Real. Igual responsabilidad ocupó en el de Badajoz durante los cuatro años siguientes. En 1911 fue destinado al de Almería como administrador y prefecto, ganándose la admiración de los seminaristas por veinticinco años.

Don Andrés García Angulo, seminarista por entonces, recordaba que: «Su despacho siempre estaba abierto y frecuentado por muchos alumnos que entraban allí buscando en don Agustín consejo, dudas de clase, ayuda material. Su bondad y sencillez hacía fácil el acceso a él. Se veía piadoso, hombre de fe. »

También era seminarista en aquella época don Gonzalo Rodríguez Martínez, que rememoraba así lo sucedido al estallar la Persecución Religiosa: «Don Agustín se levantó y dijo: “Lo primero, el Santísimo”. Marchamos todos a la Capilla y don Agustín abrió el sagrario y sollozando consumió las Sagradas Formas. Después todos se abrazaron y salimos a la calle. »

Ese mismo día don Juan Viciana, proveedor del Seminario, lo ocultó en su propia casa. Su hija recuerda que: «Cuando llevaba una semana en casa, se presentó el cocinero del Seminario con dos milicianos para llevárselo. El siervo de Dios con mucha paz se puso su capa, se despidió de nosotros y los acompañó con mucha entereza; no se amedrantó. » Diez días después, a sus cincuenta y tres años, recibió la palma del martirio.

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juanjegearodriguezBautizado el mismo día de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Ramón Nonato de su pueblo, ingresó en 1889 en el Seminario de Almería. El nueve de junio de 1900 fue ordenado presbítero y enviado a la coadjutoría de Cantoria. Tras cinco años fue nombrado Coadjutor de Vera.

En 1907, tras dos años en Vera, realizó una permuta para ocuparse de la coadjutoría de su pueblo natal. A Zurgena entregaría el cuarto de siglo que le restaba. Su sobrina Juana decía que: «De mi tío guardo un recuerdo muy bueno, pues con nosotros se portó como un padre; yo me crié junto con mis hermanos con él. Mis padres murieron dejándonos muy jóvenes, sobre todo a mí. Cuando iban los pobres a pedirle aceite, harina, patatas... de lo que tuviera, se iban siempre con el capazo lleno. Era muy cariñoso con todos. Los domingos decía Misa en Palacés; iba en una borrica pequeñita que tenía, y aunque cayeran chuzos de punta no dejaba de ir. »

Quisieron prohibirle ejercer su ministerio con la Persecución Religiosa, pero contestó: «Sí alguien viene a bautizar a su hijo, o vienen a casarse porque quieren, mi obligación es atenderles, porque soy sacerdote. » Fue detenido en las primeras horas del uno de septiembre de 1936, a sus cincuenta y nueve años, y preso en La Alfoquía.

Liberado a las pocas horas, su sobrina recordaba que: «Al llegar a casa nos dijo: “De esta nos hemos librado, veremos que sucede la próxima vez”. Por la tarde, a las cinco más o menos, fueron a buscarlo nuevamente a casa y ya no volvió. Lo llevaron, junto con otros cuatro sacerdotes, a los pozos de Tabernas. Según contaron a mi cuñado unos vecinos de Tabernas, todos murieron gritando: ¡Viva Cristo Rey!” »

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andresiniestaegeaRecibió las aguas bautismales el mismo día de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Ramón Nonato de su pueblo. Educado con fervor por su familia, a los diez años marchó al Seminario de san Fulgencio de Murcia en 1887. Trasladado al Seminario de Almería, fue ordenado presbítero el seis de junio de 1903 y celebró su primera Misa dieciocho días después.

Nombrado Coadjutor de Purchena, dos años después pasó a la coadjutoría de Turre. En 1907 fue Coadjutor de Serón y, tras opositar, tomó posesión de la Parroquia de san Sebastián del Marchal de Lubrín en 1912. En 1919, después de ocuparse de Torrentes durante unos meses, fue nombrado Párroco de Fuencaliente. Párroco de Somontín en 1929, en 1935 regresó a la Parroquia de Fuencaliente.

Presbítero muy piadoso y enamorado de la Madre de Dios, nunca acopió bienes materiales: « Lo que tengo es para los pobres. » Cuando solían advertirle que se mostrara más prudente ante los laicistas, solía responder: « Es usted un cobarde; no tendría yo tal dicha de morir mártir. »

Como recuerda doña Dolores Membrive, al estallar la Persecución Religiosa, el siervo de Dios: « No consistió quitarse la sotana ni renunció a salir a la calle, continuó realizando sus visitas a los enfermos y ancianos y celebrando la Misa cada día. Los mismos revolucionarios del pueblo lo respetaban y le decían que no temiera nada de ellos, que era buena persona y que no le harían daño. »

Asustados, sus familiares se lo llevaron el veintisiete de julio de 1936 a Zurgena. Antes de llegar, se detuvo para confesarse en Alcóntar y dijo: « Una vida tengo y ésta la quiero para Dios. Si en esta persecución Dios me llama a su seno, bendito sea. » Junto a cuatro presbíteros de su pueblo recibió el martirio a los cincuenta y nueve años de edad.

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antoniolorcamunozBautizado el día después de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Ramón Nonato, su pariente doña Antonia Parra recuerda que: « Vivió una infancia muy mala porque su madre falleció cuando él y sus dos hermanas eran aún pequeños; después falleció también su hermana menor; mi madre y mi tío tuvo que hacerse cargo de las tierras y trabajar en ellas porque el padre no sabía realizar este trabajo.»

El diecisiete de diciembre de 1910, tras estudiar en el Seminario de Almería, fue ordenado presbítero en la capilla del Palacio Episcopal. Cinco días después celebró por vez primera la Misa en su pueblo natal. Su primer destino fue la capellanía de la Virgen del Socorro de Tíjola. En 1913 fue nombrado Coadjutor de Taberno y en 1916, regresó a la coadjutoría de Tíjola.

El veintiuno de febrero de 1920 tomó posesión de la coadjutoría de santa María de Albox, donde permaneció el resto de su ministerio. Aunque quedó casi ciego, no cesó su apostolado y creó el primer centro de la Acción Católica almeriense en la ermita de Nuestra Señora del Carmen del Llano de los Olleres. Don Diego Granados, un antiguo feligrés, decía que: « Era un hombre muy cariñoso, afable, caritativo, comunicativo. Los jóvenes anhelaban confesarse con él. Él se sentaba todos los días en el confesionario antes de la Misa. Daba catequesis, hacía apostolado y atraía la gente hacia Dios. »

Con gran llanto se trasladó a Zurgena, cuando arreció la Persecución Religiosa. El uno de septiembre de 1936, por estar muy enfermo, no fue detenido junto a los otros cuatro presbíteros de su pueblo. Regresaron por él más tarde y, a sus cincuenta años, murió mártir antes de llegar a los pozos.

Su sobrina narra que: « Cuando la gente se enteró de que lo habían matado vinieron a casa algunas familias humildes para devolver el dinero que mi tío les había prestado; mi abuela no consintió aceptar, les digo las gracias y les dijo que mi tío tampoco lo hubiera aceptado. »

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pedromecamorenoSu padre, el farmacéutico del pueblo, lo llevó a bautizar un día después de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Ramón Nonato. Llevado por su vocación, ingresó en el Seminario de Almería. Recibió la ordenación presbiteral el nueve de junio de 1906 en Guadix y, cuatro días después, celebró por primera vez la Misa en su Parroquia natal.

Coadjutor de Zurgena los dos primeros años de su ministerio, los tres siguientes ocupó la coadjutoría de Pulpí y regresó a su pueblo como Ecónomo en 1913. Ese mismo año fue nombrado Párroco de Derde y, en 1920, de Sierro. Sólo permaneció allí medio año, pues una grave afección cardíaca le hizo regresar a su pueblo natal.

Presbítero pacífico y amado por sus paisanos, en su casa acogió a sus hermanas solteras y a sus sobrinos. Consciente de los ataques laicistas, tras oficiar el funeral de un niño dijo: « Consolaros y ved que el Señor se lo lleva para quitarle de tanta desgracia como se avecina, pues vienen tiempos muy malos. »

Al ver como se quemaban las imágenes religiosas por la Persecución Religiosa dijo: « Detrás de ellos vamos nosotros. » Al Siervo de Dios don Andrés Iniesta le comentó: « Qué dicha más grande ser mártires de Cristo; eso son cinco minutos, no más, y la Gloria para siempre. » La mañana del uno de septiembre de 1936, fue detenido salvajemente en su hogar ante sus horrorizados sobrinos. Alcanzó la palma del martirio con cincuenta y tres años de edad, durante el trayecto hacia el pozo de la Lagarta donde arrojaron su cuerpo.

Su sobrina doña Eulalia cuenta que: «Al terminar la guerra enfermé de tuberculosis y estuve muy mal, en ambos pulmones. El médico, cuando al poco tiempo vio que mejoraba, asombrado me dijo: “Tú tienes que tener un Santo en el Cielo que está rogando por ti”. »

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agustinnavarroiniestaBautizado a los dos días de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san Ramón Nonato y estudió, primeramente, con su padre que era maestro. En 1916 ingresó en el Seminario de Almería, trasladándose al de Murcia en el curso siguiente y luego al de Orihuela por sus enfermedades. Retornó al de Almería en 1924.

Ordenado presbítero el veintinueve de mayo de 1926, marchó a Totana donde residían sus padres para cantar su primera Misa en la Iglesia Parroquial de Santiago. Coadjutor de Carboneras, pasó a la coadjutoría de Sorbas en 1929. Se incardinó en la diócesis de Madrid – Alcalá en 1932, siendo nombrado Ecónomo de Mangirón. Tres años después pasó a la coadjutoría de Carabanchel Bajo y Capellán del colegio de la Santa Cruz.

Con valentía, el trece de julio de 1936 ofició un responso en el Cementerio del Este de Madrid ante el cadáver de don José Calvo Sotelo. Asustada su madre por las consecuencias de su piedad, toda la familia regresó a Zurgena buscando refugio. Allí fue detenido y lo dejaron marchar a su casa a las pocas horas. Más tarde fueron a buscarlo y el presbítero, de tan sólo treinta y cuatro años, abrió la puerta y se despidió de su madre: « ¡Hasta el Cielo! Gracias a Dios que me concede la gracia de morir mártir por Él. » Fue martirizado junto a otros cuatro presbíteros de su pueblo.

El Patriarca Eijo Garay escribió a su familia: « Nada tienen que agradecerme por los favores que dispensé a su hermano, pues era un santo y celoso sacerdote y merecía todo el cariño del Prelado. » Su biógrafo, el padre capuchino Jesús María de Orihuela, escribió: « Ha pasado de esta vida a la eterna adornado con la estola de la inocencia de que se vistió en el bautismo. »

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A los seis días de su nacimiento recibió las aguas bautismales en la Iglesia Parroquial de santa Cruz de su alpujarreño pueblo natal. Criado piadosamente por su familia, que se mantenía por el trabajo de guardia de su padre, ingresó en el Seminario de Almería en 1909.

El Obispo don Vicente Casanova y Marzol le cobró gran afecto y pasó a vivir en el Palacio Episcopal como paje. En la capilla de san Indalecio de la Catedral almeriense fue ordenado presbítero el veintiocho de febrero de 1920. Desde entonces impartió clases en el Seminario. En 1923 fue nombrado Coadjutor de la Parroquia del Sagrario de Almería y, cuatro años después, el Rey don Alfonso XIII lo nombró Beneficiado de la Catedral de la Encarnación de Almería. Durante el Sínodo Diocesano de 1929 ejerció de Notario.

El presbítero don José Sirvent Marín escribió: «Martín era de buen carácter abierto y expansivo, buen amigo, caritativo y devotísimo de la Santísima Virgen. Yo lo quería con toda mi alma y sentí grandemente su martirio. Era alto, huesudo y lleno de carnes, color blanco, de andares ligeros y viriles, habla bronca y siempre risueño, el labio de abajo partido por cicatriz, no usaba gafas y era bien parecido, de cara y frente anchas.»

El veintidós de julio de 1936, a pesar de la violencia de la Persecución Religiosa, no dudó en presentarse en el Colegio de la Salle para salvar el Santísimo. Ante los milicianos, que lo maltrataron, se identificó como capellán. El primero de septiembre un miliciano, al que otras veces había ayudado el siervo de Dios, se presentó de malos modos en su hogar y lo registró por dos horas. Finalmente, fue detenido y sufrió prisión en Comisaría y en el barco Astoy Mendi.

Al quejarse por la fuerza con que lo amarraban, uno de sus verdugos le espetó: «No te preocupes, que es para poco tiempo.» Poco después lo llevaron al pozo de la Lagarta y murió mártir a los cuarenta y un años de edad.

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manuellopezalvarezNacido en el mismo pueblo que Gonzalico, el célebre niño mártir de las Alpujarras, fue bautizado en la Iglesia Parroquial del Cristo de la Luz el mismo día de su nacimiento. Sus padres, humildes labriegos, lo enviaron al Seminario de Gracia de Granada y fue ordenado presbítero el dieciséis de julio de 1905.

Como Párroco de Alcolea, tuvo que hacer frente a violentas ofensivas laicistas. En una ocasión tuvo que pasar toda la noche en el templo, pues habían amenazado con prenderle fuego durante las celebraciones del ejercicio de las flores a la Santísima Virgen. Dos meses antes de su martirio, mientras oficiaba un responso ante el ataúd de una joven, lo encañonaron con una escopeta.

Obligado a marcharse por la Persecución Religiosa, al atravesar el puente dijo: «¡Adiós Alcolea!» y bendijo al pueblo. Se refugió en casa de unos amigos en Picena y, cuando se dirigía a Granada con otros dos presbíteros, un ataque al corazón detuvo su marcha. Doña Isabel Fernández, antigua feligresa, narraba así lo ocurrido: «Se encaminó solo y lentamente a un cortijo que aparecía a lo lejos con una luz en la puerta. Era tan bueno y sencillo que no ocultó su condición de sacerdote a los que allí estaban. Éstos resultaron ser espías rojos y llamaron a gente de Berja que lo apresó.»

En la madrugada del veinte de agosto, junto a ocho prisioneros, fue arrojado a un camión y conducido al cementerio de Berja. Al negarse a bajar del vehículo, allí mismo fue tiroteado. Arrastrado hasta la fosa, advirtieron que aún vivía y musitaba: «¡Ay Dios mío!». Con el azadón del sepulturero machacaron su cráneo y alcanzó el martirio a sus cincuenta y cinco años de edad.

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Nacido en la humilde panadería de sus padres, fue bautizado un día después en la Iglesia Parroquial de san José de su pueblo natal. Segundo vástago de una familia de siete hermanos, su padre solicitó que fuera admitido en la sección económica del colegio de san Fernando de: «Por ser familia numerosa y de escasísimos recursos.»

Seminarista desde 1884, concluyó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de san Cecilio de Granada y recibió el presbiterado el quince de mayo de 1897. A las Alpujarras, su comarca natal, entregaría más de tres décadas de su ministerio. Primero fue Coadjutor de Torvizcón, después ocupó la coadjutoría de Mecina Alfahar y la Parroquia de Nechite. Finalmente fue nombrado Cura Propio de la Parroquia del Santo Ángel de Darrícal y Encargado del Santo Cristo del Consuelo de Lucainena.

Doña Dolores Ruiz, que asistía a las visitas que realizaba a su paisano el siervo de Dios don Juan Moreno en la próxima localidad de Benínar, lo recordaba así «Era un sacerdote mayor, algo sordo, lo que le obligaba a hablar en voz alta. Su imagen era la de un hombre bueno, muy humano.»

El siete de agosto de 1936, ante la violencia de la Persecución Religiosa, no tuvo más remedio que abandonar Darrícal e internarse en la fragosidad de la sierra. Como le aseguraron de que no sufriría ningún daño en atención a su edad, regresó a Válor y se refugió en casa de unos sobrinos. Al día siguiente fue detenido y, tras sufrir cárcel en Ugíjar, fue arrastrado a la prisión de Berja. Fue martirizado, a sus sesenta y siete años, junto a otros dos presbíteros en el cementerio virigitano.

Monseñor Matarín escribió: «Pudo librarse de morir y no lo hizo. Prefirió perder su vida antes que negar a su Señor, del que se confesó discípulo y sacerdote.»

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juanmorenojuarezRecibió las aguas bautismales tres días después de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de san José de su pueblo. En el Seminario de san Cecilio de Granada edificaba tanto a superiores como a seminaristas por su santidad y saber. En julio de 1916 recibió el presbiterado y regresó a Válor para celebrar su primera Misa.

Tras ejercer de Coadjutor en Laújar, fue nombrado Párroco de Benínar. Su sobrina doña Encarnación recordaba que: «Todos los que le conocieron pueden decir que era un sacerdote amable, servicial, limosnero. A su casa acudía cada día algún pobre que comía con él en su misma mesa.»

Al inicio de la Persecución Religiosa lo amenazaron con una infame carta y el Arzobispo le ordenó refugiarse en su pueblo natal. Nada más llegar, puso a salvo a la venerada imagen del Santísimo Cristo de la Yedra. Detenido el cinco de agosto de 1936, gracias a algunos contactos pudo ser liberado. Pero, el diez de agosto, su sobrina cuenta que: «Los milicianos que fueron a apresarlo le dijeron que lo hacían porque iba vestido de sotana, que sabían que era comunista porque era amigo de los pobres, pero que vestía con sotana. Bajamos hasta la puerta para despedirlo mi madre, mi tía y yo. Mi tío estaba muy sereno, se despidió de nosotros diciendo: “No lloréis por mí”.»

El cuatro de septiembre, junto a seis prisioneros, fue conducido al cementerio de Berja. Tras martirizar a uno de los presbíteros, el siervo de Dios se puso de rodillas, enarboló el Crucifijo, perdonó a sus verdugos y gritó: «¡Viva Cristo Rey!». Uno de los milicianos, muy impresionado, se marchó de allí diciendo: «¡Yo no estoy en la muerte de unos santos!». Tenía cuarenta y cuatro años al recibir el martirio.

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Nacido en esta aldea de Válor, desde la recepción del Bautismo fue siempre piadoso y pronto experimentó la vocación sacerdotal. Su familia, aunque modesta, lo envío al Seminario de Gracia de la ciudad de Granada y recibió el presbiterado en 1904.

Párroco del pueblecito alpujarreño de Yátor, el diecinueve de septiembre de 1924 realizó una permuta con el presbítero don Luis Espinosa y tomó posesión de la Parroquia de san Cayetano de Sorvilán. Muy querido por sus humildes feligreses, éstos lo obsequiaban con frutos del campo para ayudarle en su maltrecha economía. Cuando arreció la ofensiva laicista, los valientes jóvenes del pueblo protegieron su domicilio para defenderlo de cualquier ataque.

Mayor clima de violencia encontró cuando fue enviado a la Parroquia de Albondón. Las autoridades municipales, con gran grosería, ni siquiera le permitieron descargar su equipaje del vehículo. No le quedó otro remedio que volverse a Granada, más no quiso dejar sola a su hermana y marchó a Válor.

Tras ser detenido sufrió una espantosa prisión que le hizo enfermar. Aunque le permitieron regresar unas horas con su hermana, ese mismo día fue arrastrado a la prisión de Berja. Finalmente, a sus sesenta y nueve años, fue martirizado en el cementerio virgitano junto a tres presbíteros.

Monseñor Matarín escribió: «Fue venerable presbítero y honra de la Iglesia de Granada. Con sencillez y fervor se entregó a Jesucristo y esta entrega total le llevó a confesarlo hasta la muerte.»

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